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Atracción y Adquisición




























Buena parte de los reprocesos en una búsqueda de talento no nacen de un mal sourcing ni de un mercado difícil, sino de una desalineación inicial que recién se vuelve evidente cuando aparecen los primeros candidatos y alguien dice: «no era exactamente lo que buscábamos». Para entonces, el proceso ya consumió semanas evaluando personas contra un perfil que nunca se terminó de acordar.
Ese punto de partida tiene un nombre: el kick-off. Bien llevado, no es una reunión de presentación ni una toma de requerimientos, sino una instancia de calibración donde la empresa y el proveedor de búsqueda definen qué talento se necesita, qué evidencia se usará para evaluarlo y cómo se tomarán las decisiones a lo largo del proceso. La diferencia entre una búsqueda que fluye y una que se llena de ajustes suele decidirse ahí, antes del primer CV y antes de construir la longlist.
Un kick-off bien estructurado cierra cinco acuerdos:
Y empieza antes de la reunión. El proveedor debería llegar con una lectura preliminar del mercado, posibles fuentes de talento, rangos de compensación referenciales y preguntas críticas sobre el perfil; la empresa, asegurar la participación del hiring manager, porque delegar toda la conversación en RR. HH. suele dejar fuera información clave sobre el rol, el equipo y el contexto real de desempeño. Cuando ese trabajo previo existe, la reunión parte de información concreta y no de supuestos.


El primer error de muchas búsquedas es confundir el perfil con una lista de requisitos. Se parte de una descripción de puesto anterior, se le agregan competencias deseadas y el resultado es un candidato ideal que quizá no existe en el mercado, o que no está disponible bajo las condiciones ofrecidas.
Calibrar el perfil es ir más atrás. Antes de preguntar qué experiencia debe tener la persona, conviene entender por qué se abre la vacante, qué problema debe resolver y qué impacto se espera del rol. No es lo mismo reemplazar a alguien que abrir una posición nueva, ni buscar continuidad operativa que incorporar una capacidad que hoy no existe en el equipo.
En esta etapa deberían responderse preguntas como:
La distinción entre indispensable y deseable es central. Un criterio útil es someter cada requisito a una prueba simple: ¿Descartaríamos a un candidato sólido en todo lo demás solo por no cumplirlo? Si la respuesta es no, probablemente no sea excluyente.
También es aquí donde el perfil debe contrastarse con el mercado. Si el rango salarial es ajustado, si el sector ofrece pocos candidatos o si el nivel de experiencia esperado es poco frecuente, conviene saberlo desde el inicio, antes de que el proceso avance persiguiendo un perfil que no existe en esas condiciones.
Una búsqueda pierde consistencia cuando los criterios aparecen etapa por etapa: primero se filtra por experiencia, luego se agrega una competencia, después se pide una prueba adicional y al final se decide por una impresión de entrevista. El problema no es ajustar el proceso, sino hacerlo sin una lógica definida.
Desde el kick-off debería quedar claro qué evidencia se usará para evaluar a los candidatos y en qué momento: screening inicial, entrevista por competencias, evaluación psicométrica, caso práctico, referencias o entrevista final con el hiring manager. Ese acuerdo permite comparar a los candidatos con un estándar consistente y cuida su experiencia, porque evita pedir evaluaciones largas antes de saber si alguien es realmente finalista.
La pregunta fundamental no es solo qué etapas tendrá el proceso, sino qué busca validar cada una. Si las etapas no agregan información nueva o suman al proceso de decisión, podrían terminar siendo redundantes o innecesarias, haciendo el proceso más largo sin que necesariamente sea mejor.
Un buen proceso no depende solo de encontrar candidatos, también de sostener el ritmo. Muchos perfiles valiosos no se pierden por falta de interés, sino porque la empresa demoró en responder, cambió criterios a mitad de camino o no tuvo disponibilidad para entrevistar. Para sostenerlo, el kick-off debería dejar definidos los puntos de decisión y sus responsables:
Conviene fijar un SLA simple de respuesta, por ejemplo devolver la evaluación de un candidato dentro de las 48 horas posteriores a la entrevista. No como formalidad, sino como una forma de proteger la continuidad del proceso y la experiencia del candidato. Y conviene anticipar qué pasa si el hiring manager no responde a tiempo o si aparece un cambio de perfil: sin esas reglas, cada retraso se normaliza y la búsqueda pierde fuerza.
El candidato no vive el proceso como una secuencia interna de coordinaciones, sino como una experiencia completa. Si el proveedor dice una cosa, RR. HH. otra y el líder del área una tercera, la confianza se debilita. De ahí que la comunicación también se alinee desde el kick-off: qué se dirá sobre el rol, la cultura, el rango de compensación, la modalidad de trabajo, los tiempos del proceso y las expectativas de crecimiento, y quién lo dirá.
Una comunicación coherente mejora la experiencia del candidato y, con ella, protege la marca empleadora y reduce abandonos. En búsquedas competitivas, donde un buen candidato suele participar en más de un proceso a la vez, la claridad y la consistencia del mensaje pueden inclinar la decisión. No se trata de idealizar el rol, sino de presentar una propuesta realista y alineada entre todos los actores.
Uno de los mayores riesgos de una búsqueda es recibir feedback que no permite ajustar nada. «No me convenció», «le falta seniority» o «no lo veo para la cultura» pueden expresar una percepción válida, pero no sirven para recalibrar si no se traducen en criterios concretos.
Desde el kick-off conviene acordar cómo se dará la devolución, vinculándola a dimensiones observables: experiencia técnica, nivel de autonomía, estilo de liderazgo, ajuste con el contexto, expectativas salariales o potencial de desarrollo. Eso convierte cada rechazo en información útil. Y si varios candidatos fallan por la misma razón, probablemente el problema no esté en los candidatos, sino en el perfil, en la fuente de búsqueda o en las condiciones ofrecidas.
El feedback también debería quedar registrado. Un acta breve con acuerdos, criterios, tiempos y responsables evita que cada parte reinterprete después lo conversado, y le da al proceso un punto común al que volver cuando algo se desvía.
La primera decisión de una contratación no es elegir entre candidatos, sino acordar qué se busca, qué evidencia será válida y cómo se reconocerá a la persona adecuada cuando aparezca. El kick-off no es una reunión administrativa: es el primer control de calidad de la búsqueda.
Cuando esa conversación se hace bien, el proceso gana foco, velocidad y consistencia. Cuando se hace mal, los problemas no desaparecen, solo se postergan hasta la longlist, la shortlist o la terna final. Un buen proceso no empieza cuando llega el primer CV, sino cuando todos los involucrados acuerdan, con claridad, qué talento necesitan, qué criterios van a usar y cómo van a sostener la decisión hasta el final.
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