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Cuando se abre una vacante, el reloj empieza a correr. La primera pregunta casi siempre es la misma: quién está disponible y quién se parece a lo que el puesto venía pidiendo. Es una reacción comprensible y resuelve lo inmediato. Hay, sin embargo, otra pregunta que pesa más y suele quedar para después: qué tendrá que lograr esta persona en el próximo año o año y medio, y si el perfil que tenemos en mente apunta hacia ahí.
Buena parte de los perfiles se arma a partir de la trayectoria del candidato. Así, casi sin que nadie lo decida, la experiencia previa termina pesando más que la contribución que la posición necesita hacia adelante. Y la experiencia merece atención: es información valiosa y nadie la pone en duda. Conviene recordar, eso sí, que predice bien el desempeño mientras las condiciones se parecen a las de antes, y pierde precisión cuando el puesto entra en un terreno que el candidato no recorrió. Ese terreno nuevo es, casi siempre, el que tiene por delante.


Cuando el perfil apunta hacia el lado equivocado, el costo no se ve de inmediato. Llega semanas o meses después y rara vez se nota como lo que es:
Ninguno de estos costos llega en una factura, pero todos golpean la operación. Y casi siempre tienen el mismo origen: un perfil armado sobre el historial del candidato, cuando lo que estaba en juego era su capacidad de responder a lo que venía.
Diseñar el perfil desde el negocio empieza por una conversación. Antes de publicar la vacante, vale la pena sentarse con quien lidera el área para entender el momento que atraviesa, en lugar de reutilizar la plantilla de la última búsqueda. En nuestros procesos ese intercambio ocurre en el kick-off y la calibración del perfil, y suele ordenarse alrededor de unas pocas preguntas:
Las respuestas convierten expectativas vagas en criterios que se pueden observar y evaluar. A partir de ahí, la lógica para construirlos es sencilla: cada prioridad del negocio se traduce en un comportamiento concreto, y cada comportamiento en una forma de comprobarlo.
Un ejemplo lo aclara. Una empresa que abre operación en un país nuevo fija como prioridad levantar el negocio local desde cero. Para ese reto, el criterio que de verdad importa es la capacidad de operar sin referencias previas y de tejer relaciones en un entorno que recién empieza a conocer. Cinco años en un cargo de nombre parecido dicen poco si transcurrieron en un mercado ya consolidado. Ese criterio se explora en la entrevista pidiendo ejemplos de decisiones tomadas con información incompleta, y se confirma en la evaluación, observando su agilidad para aprender y su manejo de la incertidumbre.
No existe un perfil ideal en abstracto: depende del momento de la organización. Tres escenarios frecuentes ayudan a ver cómo se desplaza el foco.
En los tres casos, la entrevista entrega las primeras señales. Leerlas con certeza, sobre todo cuando el reto es nuevo para el candidato, pide algo más que una buena conversación.
La entrevista y la revisión de trayectoria describen con detalle lo que la persona ya hizo, en condiciones que tal vez no se repitan. Cuando la posición exige rendir en un escenario que el candidato no vivió, esa foto del pasado se queda corta. Para esos casos conviene mirar capacidades que se sostienen más allá de la situación puntual:
Estas capacidades rara vez se leen con claridad en una conversación. Se estiman con evaluaciones diseñadas para ello, que miden capacidad cognitiva, inteligencia emocional, rasgos de personalidad y creencias limitantes. Un especialista interpreta esos resultados y los cruza con una entrevista por competencias, lo que le da a la decisión un respaldo que la sola conversación no ofrece. Esa evidencia responde a la pregunta que de verdad pesa: cómo rendirá esta persona en el reto que aún no enfrentó.
Definir el perfil con esta intención no hace desaparecer la urgencia de cubrir la vacante. Lo que cambia es que la búsqueda deja de arrancar en piloto automático, persiguiendo lo primero que se parezca a lo de antes. Cada contratación termina siendo una apuesta sobre el futuro del área, y los costos de fallar, los mismos que vimos al inicio, se pagan igual aunque no figuren en ningún reporte.
El ajuste de fondo es pequeño y se nota en los resultados: empezar por dos preguntas antes de abrir un solo CV. Qué necesita lograr esta persona y cómo sabremos si puede hacerlo. Responderlas con criterio es lo que permite formar equipos a la altura de lo que la organización necesita en su próxima etapa.
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